Tendencias internacionales emergentes para la transformación de la educación superior (parte 1)

Artículo original de Xavier Aragay Tusell para MUniversitas, 38, la revista de la Universidad de Mondragón. Con su permiso, reproducimos aquí el artículo en dos partes: esta es la primera, y aquí puedes leer la segunda.

 

El mundo está en plena transformación en todos los campos y en todos los ámbitos. Estamos atravesando, y vamos a travesar en los próximos años, un profundo umbral de cambio. Ello requiere que las personas, los futuros profesionales, también atraviesen este umbral y se preparen de forma distinta. Tanto en la escuela (15 años), como en la universidad (entre 4 y 6 años más). Por esta razón, la universidad, también debe de atravesar un umbral de cambio profundo que replantee a fondo la forma de enseñar y aprender y que llegue a transformar la cultura interna, los roles, la organización y el espacio físico de la institución de educación superior. Y por supuesto, también su función de investigación, transferencia y difusión.

Afortunadamente, hoy la sociedad está viviendo una verdadera primavera educativa, tanto en la escuela como en la universidad, vinculada a la innovación y al cambio. Efectivamente, ante la profunda percepción de crisis que experimentan la mayor parte de los sistemas educativos de todos los países y el poco avance de las innovaciones y cambios en las propias universidades, son centenares las escuelas, redes de escuelas, instituciones, proyectos y universidades, en los que también a menudo están involucrados los gobiernos, que exploran y hacen realidad metodologías innovadoras y nuevas experiencias formativas en instituciones, con frecuencia, centenarias

De esta forma, aparece un renovado interés por la educación como motor y herramienta básica para mejorar la humanidad. Y está ya en la agenda mundial todo lo que tiene que ver con la innovación y transformación del proceso de enseñanza y aprendizaje. Hoy se habla más que nunca de la educación y de su sentido. Hoy es más preciso que nunca transformar el proceso de enseñar y aprender de las universidades.

Por mi experiencia de fundación, creación y  dirección de la Universitat Oberta de Catalunya, por el diseño y la puesta en marcha durante ocho años del proyecto Horizonte 2020 de los jesuitas de Catalunya, y por mi responsabilidad actual como Director del equipo de Reimagine Education Lab, he viajado a más de veinte países donde he entrado en contacto con centenares de equipos directivos y profesores de escuelas y universidades que están reaccionando frente a la crisis de la educación y están avanzando en la innovación educativa.

Por lo que atañe a este enriquecedor contacto y a los intercambios de experiencias y conocimientos realizados, he podido constatar un conjunto de tendencias internacionales que concretan la transformación profunda de la educación que ya se está realizando. Estas tendencias no son fruto solamente de la investigación y el debate. Son fundamentalmente producto del intercambio de experiencias y de la observación de la realidad, de los sueños de equipos que no esperan normas, memorias o criterios de agencias para cambiar y que consideran que ningún obstáculo es lo bastante grande como para bloquearles en su camino de encontrar una forma distinta de formar.

Vamos a repasar, una por una, las diez tendencias internacionales emergentes de la transformación educativa que he identificado y observado:

 

  • Un estudiante que se ubica en el centro del proceso de enseñanza y aprendizaje, es su protagonista, y aprende haciendo

En el sistema tradicional que tratamos de transformar, el centro lo ocupan el profesor, los contenidos del currículum que se aspira transmitir y la visión tradicional de la profesión a la que da acceso la titulación. Todo ello debe descentrarse para conseguir poner en el centro al alumno, su desarrollo, sus intereses. Para que sea él quien de forma activa, mediante su trabajo individual y en equipo, vaya aprendiendo y desarrollándose mediante un planteamiento significativo y basado en la experiencia. Que el mismo alumno imagine, descubra y desarrolle su visión personal de la vida y la profesión que sueña realizar. Este camino nos ha de permitir plantearnos una mayor personalización, diversidad e inclusión y alejarnos de “planes de estudio” pre-establecidos e inamovibles.

 

  • Un profesor que cambia de rol y que, más allá de seguir transmitiendo conocimiento, pasa de estar centrado en su materia o contenido a estar también centrado en el desarrollo humano y personal del alumno

Efectivamente, un profesor que deja de estar en el centro del proceso de enseñanza y aprendizaje y centrado en su materia o foco curricular de forma individual y muy solitaria, y que transforma su rol de presentador y transmisor oral del conocimiento para devenir un profesional, abierto, flexible y con visión de futuro, centrado en el desarrollo y el crecimiento personal y profesional del alumno mediante una acción en equipo e interdisciplinar con otros profesores. Así, mediante el diseño de proyectos y entornos de trabajo, y la dinamización de actividades dentro y fuera de la universidad, pero siempre cerca de los estudiantes, impulsa, interpela, guía y orienta sus trabajos individuales y en equipo. El profesor se convierte, pues, en un referente vital y profesional para sus alumnos a los que desafía, ayuda y orienta para que encuentren su propio camino futuro.

 

  • Un aprendizaje basado en una comunidad educativa de profesores y alumnos, en la relación personal, en la creación de vínculos y en el trabajo cooperativo

El aprendizaje con los otros y en equipo es fundamental para conocernos y construirnos como personas y profesionales. Y es vital para poder ejercer cualquier profesión y desarrollarse. Por tanto, el sistema de trabajo colaborativo debe ocupar una proporción significativa del tiempo lectivo de los alumnos mediante el trabajo por proyectos y la resolución de retos o problemas complejos, de forma que se establezca como referencia básica del proceso de enseñanza y aprendizaje la comunidad educativa. En ella, las agrupaciones de estudiantes y profesores pueden variar combinando grupos grandes, grupos naturales o grupos pequeños, pero primando, en todo caso, el aprendizaje entre iguales y el desarrollo de la iniciativa y la imaginación.

 

  • Un aprendizaje interdisciplinar basado en el planteamiento y la resolución de retos que superan las materias curriculares y están conectados con la vida, la profesión, el entorno y las empresas, y el contexto significativo que rodea al alumno

El trabajo interdisciplinar para la resolución de problemas y retos vinculados a la vida real y al contexto de los estudiantes, que utiliza además dinámicas participativas, de investigación y lúdicas, permite una formación más integral y un aprendizaje más activo y dinámico. En este sentido, las evidencias científicas existentes vinculan el trabajo en equipo y la interdisciplinariedad a la creatividad, a la capacidad de iniciativa, a aprender a aprender y al trabajo con los demás. Todos ellos, aspectos fundamentales de la persona que queremos educar, y que son básicos para el futuro del estudiante y su proyecto vital y profesional. Solamente los equipos integrados, flexibles y retadores de profesores de ámbitos científicos y profesionales muy distintos, con alumnos entusiasmados en sus tareas y desarrollos, pueden asegurar un liderazgo futuro de la universidad y de sus egresados.

 

  • Una formación con mirada y sentido integrales, dirigida a todas las inteligencias del alumno y orientada a impactar en el conjunto de la persona para ayudarla a conocerse y a construir su proyecto futuro

El proceso de aprendizaje en la universidad es corto en el tiempo si lo comparamos con la vida activa futura del estudiante y su necesidad de formarse de forma permanente. Por tanto, su formación debe enfocarse de forma integral, con una nueva mirada al conjunto de la persona y a medio y largo plazo, para integrar todas las inteligencias del alumno y así desarrollar aptitudes, competencias, conocimientos y valores pertinentes con el modelo de persona/profesional que deseamos formar. En este sentido, el eje fundamental de la nueva mirada y el sentido integral de la educación es la búsqueda del desarrollo del proyecto vital y profesional del alumno para que pueda disponer de las herramientas fundamentales para devenir un ciudadano y un profesional activo en su entorno. Los cuatro años de un Grado, más los que puedan venir en forma de Máster e incluso el Doctorado, han de ser, sobre todo, un medio para conseguir formarse de manera permanente y constante a lo largo de la vida. Han de ser un trampolín que huya del resultismo y el cortoplacismo y que tenga por objetivo que el estudiante ya no se desvincule del aprendizaje permanente y por tanto de la universidad.

 

  • Una apuesta decidida por la flexibilidad de caminos e itinerarios formativos que debe contemplar la diversidad (¡en la universidad!) combinando dentro (otras facultades y universidades) y fuera (empresas e instituciones) con implicación directa de los estudiantes en proyectos y experiencias reales y significativas

La universidad no puede agotar sus itinerarios en sí misma y de forma poco flexible y personalizada. Las barreras mentales y burocráticas que hemos construido en nuestros caminos “dirigidos y trillados” para que los estudiantes pasen por ellos de forma uniforme, se deben replantear totalmente. La flexibilidad, la interconexión, el diálogo permanente entre experiencias, contrastes y teorías, buscando respuestas, retando soluciones nuevas es lo que debe conformar el aprendizaje y el crecimiento de la persona/profesional que deseamos educar. El dentro y el fuera se deben diluir, se deben inter conectar en una multitud de caminos, posibilidades y colaboraciones.

 

  • Una evaluación de los alumnos y de su progreso totalmente transformada y al servicio del objetivo de educar y desarrollar

 La evaluación de los estudiantes es un elemento fundamental que cambia completamente su dinámica y enfoque. Así, la evaluación debe abandonar su dimensión “notarial”, punitiva y de control, para enfocarse de forma holística, cualitativa, formal e informal y continua, y ha de estar al servicio del desarrollo de la persona y del aprendizaje. De esta forma, pasa a ser diagnóstica, formativa y sumativa, e incluye autoevaluación personal, coevaluación del equipo y heteroevaluación de los profesores para tener un feedback constante y avanzar en los procesos personales y meta cognitivos. En consecuencia, más allá del enfoque y de su función, ha de cambiar también la forma de comunicar la evaluación al alumno, a fin de que esta explique y comunique el nuevo planteamiento y la nueva forma de evaluar y ayude a avanzar.

 

  • Un acompañamiento activo a los profesores en su cambio de rol

Los profesores deben tener un acompañamiento activo para cambiar de rol, en un proceso que vaya más allá de la formación clásica conceptual y que asegure también el «aprender haciendo» y el compartir con otros docentes sus preocupaciones y avances. Sin una dedicación específica y temporal para que el profesor pueda reflexionar sobre su acción docente y transitar individual y colectivamente por el camino del cambio de metodología y de rol, es imposible realizar y asegurar un cambio educativo en condiciones. Esta es, sin duda, una inversión necesaria y un camino imprescindible. Lo más importante en este proceso de cambio no es aprender nuevas técnicas y conceptos (que también habrá que hacerlo)… lo fundamental es ayudar a cambiar los pre juicios, los marcos mentales, las miradas, los miedos, las inercias… y esto requiere tiempo, liderazgo y acompañamiento.

 

  • Una evaluación efectiva de las iniciativas innovadoras y de cambio basada en el análisis, la observación y la cuantificación del impacto realizado en el estudiante

Se hace imprescindible evaluar el impacto sobre los alumnos y sobre el modelo de persona/profesional a formar de todas las innovaciones educativas que se vayan decidiendo e implementando. Esta evaluación se debe plantear en el mismo momento del diseño del cambio que se quiere realizar, en un avance decidido hacia una acción docente más fundamentada en datos y en evaluaciones científicas, y en la construcción de una teoría para el cambio que posteriormente permita contrastarla y validarla. En este sentido, se va abriendo camino progresivamente la distinción entre resultado e impacto en el devenir del alumno dentro de la escuela. Y el impacto efectivamente realizado en el alumno, de acuerdo con el modelo de persona/profesional que nos hemos propuesto formar, se ha de convertir, de acuerdo con el método científico, en el verdadero motor de avance y contraste de la transformación de la institución superior.

 

  • Un trabajo abierto y en red entre facultades, universidades e instituciones y empresas para construir, de forma cooperativa, el camino de cambio

Transformar un grado de forma aislada, por grande que sea, es muy difícil. Los diferentes contextos (universitarios y empresariales), el trabajo compartido y en red, la observación de las buenas prácticas de otros y el compartir errores y aciertos, y hacerlo en red, es la mejor forma de aprendizaje colectivo que conocemos. Así, el trabajo abierto, experimental, con otros distintos y diversos se convierte en un gran instrumento para avanzar en la transformación de las universidades.

 

Sigue leyendo el artículo, clica aquí para ver la segunda parte.

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